Hallazgo

Descubrió una página mientras redactaba un memorándum.
En ella un hombre hablaba de lo feliz que era, de su mujer y sus dos hijos pequeños, de cómo habían celebrado el aniversario de una preciosa boda en una ermita, de lo inmensamente feliz, otra vez,  que era respirando a su lado.

Se llamaba igual que alguien con quien quizás había malgastado el tiempo cuando tenían tiempo de verdad y no momentos de ocio; o cuando se apretaban en pisos prestados sin calefacción para ver capitales europeas y eran turistas, y no viajeros, ni clientes, ni socios, ni estimados señores.

Hoy le parece un nombre pardo como la primera piedra que no puede tirar.

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