Plusvalías

En cuanto entro por la puerta de la agencia huelo el dinero.

El olor a dinero es leve, pero de vez en cuando sube a ráfagas por la nariz como un perfume leñoso y penetrante que nace de la nada. El primer impulso es olerme la ropa, como si hubiera salido de allí ese dinero. Y no, no huele, claro está, pero el aroma persiste y cuando echo el cierre sigue acompañándome hasta que me hundo en el metro.

(Sé de donde sale)

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