Jarmusch

Jarmusch estará dentro de poco rodando bajo las Torres Blancas. Nunca llegaremos a cruzarnos.

Los ventanales del último piso muestran, permanentemente, una luz verdosa durante toda la noche.

Jarmusch tiene un incomprensible parecido con algún hijo de la Duquesa de Alba, pero Bill Murray no es Scarlett Johanson. Durante unos días se amontonarán los camiones de utillaje y los generadores para el equipo bajo el hormigón recubierto de franjas de hollín.

Algunas noches he visto como desaparecían todas las ventanas iluminadas a lo largo de las horas.

No habrá demasiados curiosos. Algunos fotógrafos amablemente invitados por la film comission o la productora que huirán de la sombra proyectada por los racimos de balcones en cuanto disparen.

Menos el destello verdoso que envuelve la semicircunferencia.

Imagino a Murray entrando en el hall de techos plagados de globos de cerámica como un James Bond descascarillado que vuelve de AA.

Me sentía entonces vigilada por una torre desfasada o secreta.

Se llamará “Los límites del control”.

En otra ocasión dije que se alzaba como la promesa de un futuro que ya ha pasado. Ahora me gustaría decir que era una futuro ya perdido antes de llegar.

Su constructor también quería romper los límites de la forma.

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