Cuento

Había una vez un reino en el que unos hombres malos no, pero sí avispados, decidieron hacer un festival muy grande. Un festival, a todo esto, es un sitio lleno de vasos de plástico, polvo y altavoces que hacen mucho ruido y se escuchan mal, bien porque uno está muy lejos o porque sí, sencillamente. Entonces vinieron otros hombres también avispados, pero menos, y se copiaron de los primeros y empezaron a hacer muchos festivales en todas partes, y para atraer a los grupos empezaron a pagarles cada vez más, cada vez más, cada vez más, y los grupos, que normalmente son gente jovencita y de poco mundo, se malearon y dejaron de querer tocar ellos solos y bueno, también les pasó a los mayores, la verdad. Al mismo tiempo ocurría que como de música nada más no vive nadie y había que repartir los cuartos para ropa y drogas, la gente que iba a los festivales dejó de ir a los conciertos en salas, que costaban cada vez más, cada vez más, cada vez más. Y como  los grupos no venían a tocar solos y la gente no podía pagar por verlos, algunas salas cerraron a pesar del apoyo del ayuntamiento de la capital del reino, que dejaba ondear una bandera negra a media asta por cada sala que desaparecía.  Y todos los grupos que venían de reinos lejanos y menos lejanos aprovechaban el verano como las golondrinas y sólo se dejaban ver en los festivales, y el público de las salas lloraba desamparado.

Pero entonces pasó una cosa muy mala, y la desgracia se extendió por el reino y también por los reinos lejanos y menos lejanos y desapareció el cash y como casi todos los grupos y sus agentes estaban muy maleados y eran adictos al cash, pensaron y pensaron en cómo conseguirían el cash necesario para pasar una apacible vejez. No había de qué preocuparse, porque estaban los festivales y los discos. Pero lo de sacar discos  no funcionaba ahora, porque una ola de misticismo había asolado el reino y la gente ya no tenía apego a las cosas materiales, sobre todo si eran soportes físicos de música. Y muchos festivales se secaron aquel mismo y remoto verano y se convirtieron en simples polideportivos pedregosos.

Entonces poco a poco los grupos tuvieron que volver a las salas, que eran menos que antes y peores. Los jóvenes siguieron a los grupos de mayores, que aparcaron sus irreconciliables diferencias para reunirse, o se dieron a la carretera como en sus años mozos, porque como todos sabían en aquellos reinos, el cash también es la droga del amor.  Y afortunadamente los súbditos del reino ya podían pagar sus entradas para verlos: los más jóvenes porque dejaron de comprar ropa, y los otros porque eran tan mayores como los grupos y no soportaban tan bien las drogas como antes, excepto el cash.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Moraleja:

Dinosaur Jr. – 10 de febrero

Yo La Tengo – 13 de marzo

Sonic Youth – 19 de abril

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