Suspendida

Morir en un incendio causado por uno mismo accidentalmente siempre me ha parecido (aunque diosmelibre) una forma extremadamente lírica de morir. Más, si ponemos por caso, que uno fuese solterón, poeta y levemente alcohólico, y una colilla que resbalase hasta el colchón acabara en un par de lametones con toda nuestra vida y obra.

Yo olvidé apagar la colilla y ahora me encuentro suspendida, morosa y deshauciada digitalmente. Pero esto ya no es tan lírico.

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